Hiperemia y congestión

Hiperemia y congestión


Los términos hiperemia y congestión aluden al aumento del volumen de sangre dentro de un tejido, aunque los mecanismos de base son distintos. La hiperemia es un proceso activo, que se debe a la dilatación arteriolar con aumento del flujo de entrada de sangre, como sucede en los focos de inflamación o en el músculo esquelético durante el ejercicio. Los tejidos hiperémicos están más enrojecidos de lo habitual, porque se produce una acumulación De sangre oxigenada. Por su parte, la congestión es un proceso pasivo secundario a la alteración del flujo de salida venoso de un tejido. Puede producirse a nivel sistémico, como sucede en la insuficiencia cardíaca, o local, como consecuencia de una obstrucción venosa aislada. En ocasiones, los tejidos congestionados presentan un color rojo-azulado anómalo (cianosis), debido a la acumulación de hemoglobina desoxigenada en la zona afectada. En la congestión crónica a largo plazo, la perfusión inadecuada de los tejidos y la hipoxia mantenida pueden causar la muerte de las células parenquimatosas y una fibrosis secundaria de los tejidos, y el aumento de las presiones intravasculares puede provocar edema y, en ocasiones, la rotura de los capilares, con aparición de hemorragias focales.

Hiperemia activa (arterial)

Se produce cuando aumenta el riego arterial de sangre en la zona hiperémica. Esto es lo que usualmente ocurre cuando los órganos aumentan su actividad y requieren mayor aporte de oxigeno y nutrientes.

Hiperemia pasiva (venosa)

Se genera por un drenaje sanguíneo deficiente en un órgano o tejido. Se subdivide en hiperemia pasiva general, cuando el trastorno involucra a todos los órganos y es producto de una insuficiencia cardiaca, y en hiperemia pasiva local, cuando el déficit en el drenaje se localiza en una afluente de la vena cava

Un ejemplo clásico es cuando una persona pasa mucho tiempo apoyada sobre su brazo o pierna en una posición determinada. Al cabo de un tiempo el punto de apoyo se enrojece. Esto ocurre simplemente porque la presión al apoyarse sobre esa zona ocluye los capilares venosos por lo que la sangre puede entrar, pero no salir, por tanto, esa parte de la anatomía se torna roja.

Causas de hiperemia

La hiperemia es causada por procesos vasculares que hacen que la sangre quede «represada» en un área determinada.

En este sentido puede presentarse vasodilatación arterial la cual es responsable de un aporte sanguíneo mayor al normal hacia el área hiperémica. En estos casos se habla de hiperemia activa. Por otra parte, puede darse el caso de vasoconstricción venosa la cual disminuye la velocidad de salida de la sangre desde un área determinada, por tanto se acumulan más glóbulos rojos de lo normal y la zona se enrojece. Cuando la hiperemia se debe a vasoconstricción venosa se conoce como hiperemia pasiva».

Complicaciones

Dado que se trata de un síntoma la hiperemia en si no presenta complicaciones, aunque no puede decirse lo mismo de las condiciones que produce.

Así pues, las complicaciones de la hiperemia son aquellas de la condición que la produce; por ejemplo, en la hiperemia activa secundaria a una quemadura solar las complicaciones de la hiperemia serán aquellas asociadas a dicho tipo de quemadura. Por otra parte, si la hiperemia se debe a fiebre o a una infección de la piel (celulitis), cabe esperar complicaciones bien sea de la fiebre o de la infección.

Lo mismo ocurre con la hiperemia pasiva. Cuando una persona presenta hiperemia pasiva sobre un área de apoyo debido a movilidad reducida, cabe esperar que a la hiperemia se asocie tarde o temprano una escara (úlcera de presión), de manera que en este caso la complicación es aquella que se deriva de la limitación de movilidad.

Esta disertación se puede hacer una a una con todas las causas de hiperemia de manera que como corolario basta recordar, como se dijo anteriormente, que las complicaciones de la hiperemia son aquellas asociadas a la condición que la causa.

Tratamiento

Tal como ocurre con las complicaciones, no existe un tratamiento específico para la hiperemia, en este sentido el tratamiento definitivo debe estar orientado a mejorar, aliviar o eliminar la condición inicial que causó la hiperemia. Sin embargo, existen medidas generales que pueden ayudar a aliviar los síntomas en la mayoría de los casos, en este sentido la aplicación de frío local mediante compresas heladas, bolsa de hielo o lociones frías es una solución común, efectiva y económica.

Por otra parte, en los casos de hiperemia secundaria a liberación de histamina (como en las reacciones alérgicas o picaduras de algunos insectos), es de gran ayuda la administración de bloqueadores H1.

En general se puede concluir que el tratamiento de la hiperemia se basa en tres pilares:

– Eliminar la exposición al agente causal (si es posible hacerlo).

Controlar tanto como sea posible la condición de base que produjo la hiperemia.

– Tratamiento sintomático mediante la administración de medidas generales paliativas.

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